miércoles, 27 de agosto de 2014

Corazón en blanco 4



Corazón en blanco
4

-A ver si te gusta esto – dijo poniendo el cuenco en el suelo. 


El perrillo se acercó con decisión y tras olfatear un poco, comenzó a beberse la leche con enérgicos lametones. Julián sonreía al ver cómo la tomaba. Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero de la entrada. Al  volver, vio que el animalillo seguía a lo suyo. Se puso un café y se sentó a la mesa de la cocina para ver el contenido del sobre. Lo abrió y en su interior encontró una breve nota. Primero pensó que era cosa del casero, pero al leerla comprobó que no era así.

“Julián, llámame mañana a primera hora para darme noticias. Vine a verte pero no estabas. Sólo espero que donde estuvieras, fuera trabajando en lo que ya sabemos. Aguardo impaciente a que me digas algo. Si pudiéramos vernos sería mejor, pero como mínimo llámame, porque tenemos que hablar urgentemente.
Un abrazo.
Antonio.”

Era del editor. Hacía semanas que no le llamaba. Se volvió hacia el perrillo que acababa de terminar de beberse hasta la última gota de leche. Todavía relamiéndose, se acercó a Julián.

- Te ha gustado, ¿eh? Espera que te voy a secar. Debes tener frío.

Sacó una toalla vieja del armario del cuarto de baño. El perrillo fue allí tras él y se dejó hacer.

- Debería de darte un duchazo para limpiarte esas patas, pero si no estás vacunado puede ser un mal asunto. ¿Qué hacemos? – el perrillo siempre agradecido por tanta atención como estaba recibiendo, frotó el hocico contra las piernas de Julián – Ya sé lo que vamos a hacer. Te limpiaré las patas una por una con una esponja y con cuidado. Eso no creo que te haga mal.

Tomándolo en brazos con cuidado, lo introdujo en la bañera y con una esponja empapada, al chorro del grifo le fue limpiando las patas. Luego se las secó cuanto pudo con la toalla. Y vio lo a gusto que quedaba el animal. Saltaba a la vista.

- Así estás mejor. – Dijo Julián ya de nuevo en la cocina - ¿A que sí?    

El trotecillo alegre con que ahora caminaba el perro, parecía indicar que sí. 

- ¿Y qué puedo darte yo de comer? No tengo nada que pueda servirte. Tal vez unas galletas nos saquen del apuro. ¿Te parece? Mañana veremos qué te consigo.

Diciendo esto, sacó una lata de galletas de la alacena, troceó unas pocas y las depositó en el cuenco donde antes puso la leche. Mientras el perrillo las comía, Julián le observaba con atención. No sabía bien a qué raza podía pertenecer, pero tenía el pelo acaracolado de un Terrier. Era blanco a excepción de los extremos de las orejas, siempre enhiestas, una pequeña mancha en el hocico y el extremo de la cola, que eran negros. Esos toques de color negro en las orejas  y el aspecto vivaracho y alegre de los ojos, le daban un aire muy gracioso. Y siendo además un cachorrillo, esto lo hacía de lo más antojadizo. 

No parecía tener mucho más allá de seis o siete meses. Julián no era un experto en el tema, pero a juzgar por lo que veía, era lo que pensaba. En cualquier caso, decidió que  lo mejor sería ir al día siguiente a un veterinario para pedir consejo. No nadaba precisamente en la abundancia, pero ese gasto se lo podía permitir. Además, de momento era lo mejor que podía hacer por el animal.

En un visto y no visto, el perrillo devoró hasta la última migaja de las galletas. Se sentó mirando a Julián agradecido mientras se relamía y movía la cola.

- Parece que había hambre, ¿eh, amigo? No te preocupes, mañana comerás como es debido. – Julián se agachó a acariciar la cabeza del animal. – Anda, ¿te vienes conmigo? Vamos a trabajar un poco y luego nos vamos a acostar pronto que mañana hay que madrugar. Te va a ver un amigo mío y veremos qué puede hacerse contigo. ¿De acuerdo?

El animal parecía entender todo lo que Julián le decía. Era increíble ver la atención con que le miraba mientras le hablaba. Impactado por aquella mirada, Julián tomó su portafolios y se dirigió al cuarto de estar. El perrillo, siguió sus pasos. Y cuando se sentó con aire cansado frente a la mesa camilla, vio cómo el animal se enroscó a sus pies sobre la alfombra.

José C. Ojeda – El Viejo Capitán