miércoles, 7 de agosto de 2013

Quiero



Una caracola que me hable de las arenas que nunca pisaré.


Una estrella de mar que me hable de las aguas en las que el ancla de mi buque nunca se sumergirá.

Una estrella fugaz que surque los cielos que nunca veré.

Una gaviota que vuele hacia una puesta de sol en un horizonte que ignoro dónde está, allá, muy en altamar.

Una roca a la orilla de sabe Dios qué mar, en la que nunca me sentaré a descansar de mi largo peregrinar.

Un puñado de arena que deslizandose lentamente entre los dedos, me hable del tiempo que perdí, y que ya no podré recuperar.

Que me hable del tiempo que no podré compartir, paseando por unas playas que ni sé si existen. Que me hable de un mar que no me deslumbrará con sus destellos al sol. De una estrella fugaz
a la que no le podré pedir el deseo que más deseé, de esa gaviota a la que no podré oir, de esa roca en la que como mucho, unicamente me podría sentar solo.

 Quiero esa gota de rocío que tristemente cae,
en su ultimo suspiro de vida,
como lagrima derramada por el amor perdido.

Solo, porque solo estoy desde que se fue. Porque solo me quedé.
Solo me quedé y nada de esto con ella compartiré.
Nada de esto haré, porque hacerlo sin ella, será como no hacerlo.
Y si así fuera, tan sólo me limitaría a oir el triste y lánguido canto de esa gaviota que sobrevolando mi cabeza  se adentraría en el mar, quiza para no volver. 

J.C. Ojeda García del Moral
El Viejo Capitán
Septiembre de 2006